miércoles, 13 de mayo de 2009

JOSEF PIEPER. El Ocio y la vida intelectual. Resumen Prof. Medina

PIEPER, J. El ocio y la vida intelectual. cc. 1 y 3. Qué significa Filosofar. Madrid, Rialp, 1962, pp. 79…140

I
Para responder a la pregunta qué es la Filosofía, debo filosofar… para responder a la pregunta qué es la Física, no debo hacer Física sino también filosofar, pues la pregunta filosófica es la que busca la esencia de las cosas.
Filosofar es una actividad que trasciende el mundo del trabajo, el mundo del día de labor, de utilización de cosas de servicio a fines útiles, de productos factibles… el mundo de las necesidades básicas del vivir. En este sentido, el hombre corre el riesgo de que el mundo del trabajo se vuelva totalitario (que abarque toda su vida). La pregunta filosófica trasciende este mundo, detiene (Pausa) para mirar (teoría) más allá…
Filosofar conmueve al hombre como la poesía, el amor o la religión. Hay en todas estas experiencias una conmoción del alma, conmoción existencial (está todo el hombre involucrado desde su principio a su fin). Encuentro con lo maravilloso (ad-mirandum).
Pero se pueden corromper estas experiencias: seudopoesía, falso amor, seudofilosofía (sofística), supersticiones…
La Filosofía es libre: sólo busca la verdad por la verdad misma. ES inutilizable, no es un saber de funcionarios (libertad acdémica). No se puede “filosofar para…” producir algo sino para contemplar la verdad ante todo. Theorein, speculari: mirar puro, receptivo de la realidad. No se puede poner la Filosofía al servicio del poder… de la modificación del mundo…
En la tradición cristiana, esta idea griega del auténtico filosofar, encuentra una plenitud insospechada porque la promesa de Cristo es precisamente “ver a Dios” (Visión beatífica, visión que hace plenamente feliz).


III
El hombre se adapta al mundo circundante y llega al mundo. Entonces hace Filosofía
Pero no son dos ámbitos de la realidad separados entre sí (m. circundante - mundo); el filósofo interroga las cosas del m. circundante pero de un modo especial: pregunta or la universal esencia.
El principio del filosofar es el asombro (Cfr. Platón, Teetetes, 155) que es una disposición momentánea que sobreviene al alma cuando descubre un semblante más profundo en las cosas, es un momento de atónito mirar (el mirar sin fines prácticos = Theoria). Filósofo y poeta se sienten provocados a mirar lo maravilloso: ad mirandum.
No es lo mismo initium que principium. Principio es origen permanente. El que filosofa no sale del asombro.
Contraria al asombro es la sensibilidad embotada de la vida aburguesada = encerrada en lo cotidiano (clausurada), en los fines inmediatos o urgencias del vivir.
También contraría al asombro lo sensacional (sensacionalismo) que intenta reemplazarlo con el impacto de cosas monstruosas, agigantadas y desusadas… La bohemia es como una máscara del filosofar…
El que se asombra corre un peligro: desarraigarse del mundo del trabajo. La razón está en que el asombro no desarrolla habilidad alguna sino que detiene a mirar, pero es el riesgo que hay que correr: perder la orientación en el mundo de los días corrientes del trato ordinario de las cosas… si se quiere alcanzar lo más alto de la existencia.
Santo Tomás, haciendo resolución última del término, afirmará que es Dios el fundamento absoluto o causa última del asombro porque el término deseado por el asombro es la visión beatífica (visión de Dios cara a cara, deseo fundamental del alma humana)… descubrimos en las cosas destellos de Dios y eso nos atrae, aunque no lo sepamos con claridad… quien camina a la luz del asombro, sigue las huellas de Dios.
En la modernidad se intenta reemplazar el asombro por la duda como principio del filosofar (Cfr. Hegel, Historia de la Filosofía, 269)… la actitud de abandonar presupuestos. Pero una vez que la duda se hace mecanismo habitual: ¿cómo salir de ella?
El asombro, en cambio, tiene algo de certeza previa: hay algo más profundo en las cosas, más perfecto, más sublime…. Por lo cual, el asombro conduce a un mayor arraigo o enraizamiento.
Dios no se asombra, pues lo conoce todo. Los animales no se asombran porque no descubren la esencia de las cosas. (Platón, El Banquete, 204. Ni los dioses ni los ignorantes filosofan). Sólo el hombre es capaz de asombro.
El asombro causa deseo de saber (Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica I-II q. 32, a. 8) y alegría (Cfr. Aristóteles, Retórica, 1,2). El asombro tiene la estructura psicológica de la esperanza. Espera quien se sabe en camino (viador).
Mientras la pregunta de una ciencia particular tiene una respuesta terminativa (Ej. la causa de una infección), la pregunta filosófica no lo tiene de esa manera. La pregunta por la esencia encierra la pretensión de conocer perfectamente (en la medida en que es en sí cognoscible) mientras que en esta vida (de viadores) no es posible agotar la esencia de nada (ni de una mosca dirá Santo Tomás en su Ilustración del símbolo apostólico de la fe, Introducción). Por ello, diremos una vez más que la respuesta se alcanza con certeza (seguridad) pero incompleta y en la esperanza de la visión final (al menos mientras se permanezca fiel al asombro).
El idealismo pretende la posesión o dominio de las cosas con la idea (Cfr. Hegel, Fenomenología del espíritu, prólogo…. Vs. Aristóteles Metafísica 983 a… en donde se pone la sabiduría metafísica como una frontera con la divinidad).
El hombre no está creado de tal forma que pueda soportar a la larga “morar bajo las estrellas”.
Consecuencia del asombro como principio del filosofar es que no puede existir una sana Filosofía que sea un sistema cerrado: la fórmula del mundo es seudofilosófica.
Pero lo poco que se alcanza con la Filosofía pesa más que todo lo que alcanzan las demás ciencias humanas (Cfr. Santo Tomás, In Met. 1,3).

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