miércoles, 17 de junio de 2009

FÓSBERY, A. La cultura católica, c. XI. (Resumen Prof. Medina)

SANTO TOMÁS DE AQUINO Y SU FORMULACIÓN DOCTRINAL DE LA CULTURA CATÓLICA

Santo Tomás de Aquino tiene el mérito de haber llegado a expresar del modo más acabado el encuentro de la Fe con la razón; una precisa y nunca más superada fundamentación doctrinal, Teológico-Metafísica. Esta síntesis Filosófico-Teológica pasó a formar una parte exquisita del tesoro espiritual de la Iglesia.

Santo Tomás es el más grande exponente de un movimiento mayor, fruto de la cultura católica, que se llamó Universidad. Este santo era de una de las órdenes de religiosos mendicantes, protagonistas entonces de la vida universitaria: era de la Orden de Santo Domingo de Guzmán.
Históricamente, se sitúa al final de un largo proceso, como cúspide (síntesis final) y al mismo tiempo, cuando se abre paso una nueva época (la secularización de la cultura), las enseñanzas de Santo Tomás nos permiten interpretar la totalidad de lo real desde los principios fundamentales. Es una síntesis vigente hasta nuestros días y tiene valor perenne.

Nos dejó un ejemplo en el modo de asimilar y procesar toda la problemática cultural de la época (cuyo vórtice de discusión era la Universidad), permaneciendo fiel a la Tradición al mismo tiempo que daba lugar al progreso del pensamiento, enriqueciendo el tesoro de la Iglesia con la incorporación del pensamiento aristotélico, hasta entonces en poder casi exclusivo de los árabes y con algunos influjos oscuros en la corriente agustiniana (Avicena-Agustinismo). Santo Tomás supo depurar los datos y hacer una nueva síntesis. Todo fue sometido a una tarea de reubicación.
Mientras tanto, la Universidad acusaba una crisis: la teoría de la doble verdad, de origen árabe (Averroes) y defendida por muchos católicos, abría paso al racionalismo (apartamiento de las ciencias respecto de la Fe y la Teología)… proceso que se agudizará con el nominalismo y recibirá su golpe final con la Reforma Protestante.

Santo Tomás logra el equilibrio de la verdad: salva la armonía entre la acción de Dios y la de las criaturas, la responsabilidad moral del hombre y la trascendencia y omnipotencia de Dios (contra todo panteísmo). En definitiva, la relación de la gracia con la naturaleza (la gracia supone la naturaleza, no la destruye, sino que la asume la cura, la eleva…).

Él mismo fue modelo de hombre culto católico: recibiendo la vida de la gracia, su naturaleza se revistió de perfecciones sublimes: se hizo santo y sabio. Fue un plasmar toda su existencia en la Verdad: sometimiento a la disciplina de estudio, hombre de oración constante, hombre de obras (maestro, escritor), erudito conocedor de todos los autores más importantes de la historia del pensamiento y de su tiempo, hombre de diálogo y de silencio, de progreso sereno de lo fácil a lo difícil, con el gozo de atesorar lo bueno en la memoria y contemplar la verdad, sin presunción ni soberbia algunas… inflamado en la caridad para con aquellos que tienen oscuridades en su mente… sabiendo reconocer la verdad venga de donde venga, por ser la verdad y no por el hecho de quién la dice… en fin, siempre como un niño ante el Misterio de Dios, humilde y confiado.
Indicará siempre el camino de la ciencia a la sabiduría, la vida virtuosa en el conocer, en el obrar, en el hacer…

Entre los grandes valores de su doctrina se destaca: su realismo gnoseológico (objetividad de la cosa como criterio de verdad para nuestro entendimiento)… equilibrada valoración de la experiencia sensible y los datos auténticos de la conciencia… una sana ontología como base para una buena Teología… una Filosofía del ser (acto de ser) que permite interpretar el ser divino y distinguirlo cabalmente del ser de la criatura… al mismo tiempo que se entiende el misterio de le Encarnación del Verbo con las nociones de sustancia, persona, naturaleza… confianza en el entendimiento humano, fundamentalmente sano dotado del gusto por el ser… busca el ser en toda experiencia, pequeña o grande… su doctrina de la “participación en el ser”… su doctrina de los trascendentales, de la analogía, de la composición de esencia y existencia, de la causalidad, del finalismo, de las procesiones divinas (la del Hijo Eterno, la del Espíritu Santo)… la penetración racional de la Revelación superando las imágenes y penumbras del lenguaje antropomórfico…
Es un sistema de pensamiento abierto (al ser en su totalidad) y por eso no rehuye el diálogo con cualquier pensamiento, mientras se acepte esa riqueza del ser.

Es además ejemplo de estilo literario propiamente científico (Teológico): lenguaje límpido, sobrio, preciso, forjado en el ejercicio de la enseñanza, en la discusión y la redacción de escritos… ni complicado o retorcido… ni tosco o vulgar… ni ambiguo… sencillamente claro y recto.

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